Mi amigo Juan Luis Serrano, lector apasionado del británico Thomas de Quincey, investiga sobre sus Obras Completas una lluviosa noche de octubre el año 2010. Sostiene la difícil esperanza de encontrar una traducción al castellano de sus originales anglosajones, los que el escocés David Masson editó en 1889, agrupados en 14 volúmenes. Poniendo en claro tal propósito llega a unas sugestivas notas del argentino Jorge Luis Borges, gran admirador y estudioso de De Quincey. De Jorge Luis Borges llega a otras notas, no menos interesantes, del uruguayo Emir Rodríguez Monegal. Y, finalmente, desde las notas de Rodríguez Monegal, no sabe muy bien cómo, termina por sorprenderse indagando en la peculiar bibliografía del cubano Severo Sarduy. En este punto, Juan Luis se olvida por completo del objeto originario de su búsqueda y el pensamiento le lleva instintivamente hasta mí, que me encuentro en esos días de viaje por Cuba.
Entre muchas indagaciones acerca de lo más representativo de la obra de Sarduy, del que anteriormente jamás había escuchado hablar una sola palabra, mi amigo descubre un libro que le acelera el pulso y le pone una mueca de nostalgia en los labios: la novela titulada "De dónde son los cantantes", escrita en 1967, que toma su título de uno de los versos principales de la canción “Son de la loma”, compuesta por el también cubano Miguel Matamoros, en 1922, para su famoso Trío Matamoros. La misma canción, curiosamente, con la que Juan Luis y yo habíamos descubierto el son cubano un año antes, en la ciudad mexicana de Mérida, en el estado de Yucatán, a cargo de otro trío ejemplar del folklore caribeño: Los Nobles; la misma canción con la que un cuarteto de mariachis había despedido también nuestra última noche de marimbas y sones en la hermosa ciudad de Veracruz, el rincón por excelencia más cubano de México; la misma inolvidable canción que ambos habíamos asimilado como banda sonora indiscutible de aquel éxodo musical que resultó ser nuestro periplo mexicano, de la que no habíamos vuelto a hablar desde entonces.
Pues bien, toda esta peripecia de casualidades y círculos concéntricos me la describe mi amigo por correo electrónico desde España, mostrándose asombrado por las providencias descubiertas entre lo geográfico, lo literario y lo musical, que llevan sus pensamientos de Inglaterra hasta Cuba, pasando por Escocia, Argentina, Uruguay y México, o lo que es lo mismo, de Thomas de Quincey hasta mí, pasando por Masson, Borges, Rodríguez Monegal y Sarduy.
Lo que él no sabe, ni puede tan siquiera imaginar esa lluviosa noche de octubre, es que en mi primer día en La Habana, en un pequeño local de baile en el barrio de Vedado, a pocas cuadras del lugar donde Miguel Matamoros grabó “Son de la loma” por primera vez, en 1923, yo volvía a escucharla en una versión mucho más moderna, interpretada por Willy Chirinos y Roberto Torres, por lo que, cuando él me manda su correo, yo llevo más de una semana de viaje tarareándola a todas horas, a ratos en su versión más clásica y a ratos en su versión más actual. Justamente esa canción, no otra.
Y lo que es todavía más sorprendente: leo su mensaje desde un cibercafé de la ciudad de Camagüey, en el interior de la isla, justamente esa ciudad, no otra. A más de 1000 kilómetros del lugar donde escuchamos “Son de la loma” por primera vez, a más de 500 kilómetros del lugar donde la escuché por última vez, pero a tan sólo dos cuadras del caserón donde, el 25 de febrero de 1937, nació Severo Sarduy.
(Por regla general no creo en las casualidades, sí en las causalidades. Con mi amigo Juan Luis he compartido algunas experiencias que he preferido no tomármelas en serio antes que aceptarlas como dogmas de credulidad, ya no de fe. Por ejemplo, la noche que nos perdimos en Florencia y llegamos sin proponérnoslo a la casa natal del poeta Dante Alighieri, apenas revelada a los extranjeros por los centros turísticos de la ciudad. O la vez que perdimos una cartera con 240 euros en Lisboa y la reencontramos un día después con una larga lista de incógnitos acontecimientos por desvelar y los 240 euros intactos. O aquella noche que... en fin, estas y otras historias darán algún día para un libro...)
Mi amigo Juan Luis descubrirá este último gran círculo concéntrico cuando lea estas palabras.


8 comentarios:
Otra gran historia!!Me encanta leer o escuchar tus grandes aventuras!!Eres un gran contador de historias porque aparte de explicarlo perfectamente lo trasmites!!Eres un Genio,cada dia lo tengo mas claro y me alegra haberte conocido!besos
Y tanto que da para un libro!! Pero de aventura, intriga y sucesos paranormales!!
Si empezáramos a tirar todos del hilo.....no sé si podríamos soportar lo que descubriríamos!
Un besazo!
BUENOS DÍAS JOSE. YA SABES QUE ESPERO ESE LIBRO DEL QUE HABLAS HACE TIEMPO. LA CALIDAD DE TU PROSA NO DESMERECE A LA DE TU POESÍA, CON LA AÑADIDURA DE QUE TU PERSONA ENCIERRA VARIOS PERSONAJES QUE NO DEJAN DE ASOMBRARME DESDE QUE TE CONOZCO.
FANTÁSTICO DE QUINCEY Y FANTÁSTICO SARDUY. GRACIAS POR RECORDÁRMELOS. PARA MÍ EL GENIO AUTÉNTICO SIGUE SIENDO BORGES.
Lo que no pase con Juanlu por medio...
ayer te escuchamos en radio nacional de españa. me alegro que las cosas vayan bien
Mi querido Joselito:
Sólo tú sabes con la emoción y caracajadas que he leido este texto tan jodidamente bién redactado. Y ya entre tu y yo, gracias por hacérmelo saber por escrito... creo que contárnoslo en directo hubiera sido más de lo que podemos soportar.
Un abrazo de esos que se dan fuerte, querido amigo.
Juanlu.
Rápidamente me he ido a buscar "Son de la loma" y al escucharlo me ha salido una sonrisa sólo de imaginaros juntos por Méxijo con esa melodia de fondo...Sólo os deseo que sigais cuidando como hasta ahora esa amistad que tan buenos ratos os hace pasar. Juanlu, en mi familia sabes que eres uno más e incluso ya se duda de si eres algo más (que amigo) jajaja. Os quiero a los dos!!
Juanlu y tú, tú y Juanlu.....
Lo máximo.
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